Te voy a contar la historia de María.
María era una conocida.
La amiga de mi amiga Carmen, más bien.
Carmen y María eran compañeras de trabajo.
Tenían muy buen feeling, de esos que hacen que las conversaciones fluyan en los descansos.
Un día, Carmen le propuso a María ir de ruta por la montaña con unos amigos.
Nada extremo.
Un plan sencillo.
La respuesta fue un rotundo NO.
A la semana siguiente, Carmen volvió a intentarlo:
—¿Y si vamos a bailar?
Segundo NO.
Hasta que un día, durante el descanso, María le confesó el motivo.
Desde que tuvo a su hija, hacía ya catorce años, no hacía planes activos.
Al mínimo esfuerzo, se le escapaba pis.
En la revisión postparto, su ginecólogo le dio una hoja con ejercicios de Kegel.
La guardó.
Los intentó alguna vez.
Nunca supo muy bien si los hacía bien…
y nadie volvió a preguntarle por ello.
Así que hizo lo que hacemos muchas veces:
seguir con su vida,
adaptarse,
y aprender a decir que no.
Carmen, sorprendida, le dijo:
—¿Sabes que eso no es normal? ¿Sabes que eso lo tratan los fisios?
María se quedó en silencio perpleja.
—¿FISIOS?
—¿Los fisios no son los de los masajes?
Y fue justo ahí cuando conocí a María.
Te cuento su historia porque muchas mujeres llevan años viviendo así.
Limitándose.
No porque quieran.
Sino porque nadie les explicó que tenían solución.
Tienes solución
Seguimos.
