
¿Te suena?
Al salir de casa localices mentalmente todos los baños por los que podrás pasar “por si acaso”.
Evitas coger a tu hijo en brazos por miedo a un escape.
O justo cuando en crossfit tocan dobles de comba, casualmente, tienes que escaquearte para atarte los cordones.
Puede que corras al baño a toda prisa cuando llegan los saltos al cajón.
O que hayan pasado años desde que diste a luz, pero sigas sintiendo tu abdomen hecho un blandiblú.
Si algo de esto te suena, no eres la única. Muchísimas mujeres conviven con problemas de suelo pélvico durante años pensando que “es lo que toca“,
Cómo acabé metida en este mundillo
Cuando empecé a estudiar fisioterapia no tenía ni idea de la cantidad de caminos que existían dentro de la profesión. Y en tercero de carrera tuvimos una asignatura extraña: fisioterapia de suelo pélvico.
Me fascinó.
Una asignatura en la que, entre otras muchas cosas, se prescriben orgasmos como parte del tratamiento…no podía pasar desapercibida. (Pequeño spoiler: durante un orgasmo el suelo pélvico realiza contracciones rápidas y rítmicas, entre 10 y 15 cada segundo, activando prácticamente todas sus fibras musculares)
Aun así, en aquel momento pensaba que sería muy complicado dedicarme a esto. Que era algo muy específico, difícil y con pocas salidas.
Así que decidí seguir otro camino. Me formé en pilates porque creo en la actividad física como forma de mantener la salud y promover el autocuidado y más tarde estudié osteopatía, ampliando mi forma de entender la globalidad del cuerpo, el movimiento y cómo acompañar a los pacientes.
Años después, todo eso acabaría llevándome exactamente al mismo lugar: el suelo pélvico.
El momento en que todo hizo clic
Durante las clases de pilates, cuando pedía a mis alumnas que activaran el suelo pélvico, empezaban a pasar cosas curiosas.
Algunas me miraban con cara de “no tengo ni idea de lo que me estás pidiendo”. Otras apretaban la mandíbula. O dejaban de respirar. O juntaban las rodillas intentando hacer algo que se pareciera a activar el suelo pélvico.
Ahí fue cuando me di cuenta de algo importante: había mucho más problema del que pensaba. Problemas que no se hablaban, que muchas mujeres habían normalizado. Y muchas veces ni siquiera sabían que lo que les pasaba tenía nombre… y mucho menos que tenía solución.
El cuerpo, el movimiento… y la danza
Crecí alrededor de un aula de danza, observando cuerpos moverse, adaptarse y expresarse. Esa forma de mirar el cuerpo sigue muy presente hoy en mi manera de trabajar.
Quizá por eso entiendo el cuerpo como algo que se entrena, se escucha y se aprende. Porque, igual que aprender a sostenerse sobre las puntas de los pies —en relevé—,cuidar la salud pélvica requiere dedicarse tiempo, atención y compromiso.
Y por eso hoy me dedico a esto
Desde entonces decidí especializarme en fisioterapia de suelo pélvico.
Hoy acompaño a mujeres en distintas etapas de su vida a entender su cuerpo y a cuidar su suelo pélvico y volver a moverse, hacer deporte o simplemente vivir su día a día sin miedo ni limitaciones.
Porque vivir con escapes, dolor o sensación de debilidad no es algo con lo que tengas que conformarte.
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